Caso de comunicación n°3 ¿Participas? Cuando la consulta sale bien ... y el tutor busca otra clínica
¡Hola {{first_name}} !
Hoy quiero compartirte el tercer caso clínico de comunicación.
¿Te animas a participar?
Como siempre, lo presento como lo que es: un caso clínico. Porque la comunicación en consulta veterinaria merece el mismo rigor con el que analizamos un caso de medicina interna o de cirugía.
Ficha del caso
Paciente: Felino, 9 años, enfermedad renal crónica estadio II
Tutor: Tutora, vínculo emocional muy alto, primera vez con diagnóstico crónico
Motivo de consulta: Revisión tras diagnóstico reciente de ERC
Contexto: La tutora llegó a la consulta visiblemente angustiada, con varias preguntas preparadas
Plan clínico propuesto: Medicamente correcto, actualizado, con pauta dietética, seguimiento y medicación.
Duración de la consulta: 22 minutos
La veterinaria responsable tiene formación sólida, experiencia contrastada y una reputación excelente en la clínica. La explicación fue detallada y técnicamente impecable.
Y, aun así, esa misma tarde la tutora llamó a otra clínica para pedir una segunda opinión.
No porque desconfiara del diagnóstico.
“No dudo de que esta doctora sepa un montón, pero he salido con la sensación de que le importaba poco como me sentía con todo esto. No me he sentido bien tratada”
Esa frase —real, recogida en el contexto de investigación en comunicación veterinaria— condensa algo que la literatura lleva años documentando: la decisión de un tutor de quedarse o de irse no siempre tiene que ver con la calidad técnica de la atención.
Tiene que ver con si sintió que su experiencia emocional fue reconocida.
Antes de seguir, una pregunta honesta
Cuando terminas una consulta y notas que algo no terminó de encajar, ¿qué es lo primero que piensas?
a) “No expliqué bien el diagnóstico o el plan”
b) “El tutor estaba demasiado alterado para escuchar”
c) “Me faltó tiempo. Con más tiempo habría ido mejor”
d) “Algo falló, pero no sé exactamente qué”
Todas son respuestas razonables. Y todas comparten algo: ponen el foco en los recursos disponibles —la explicación, el tiempo, el estado del tutor— y no en la estructura de la conversación en sí.
La investigación en comunicación clínica muestra que, en la mayoría de los casos, las brechas no se producen por falta de información ni por falta de tiempo. Se producen en momentos muy concretos de la interacción.
¿Dónde suelen estar las brechas?
1) La dimensión emocional en el inicio
Cuando un tutor llega con alta carga emocional —como en este caso—, la parte cognitiva está parcialmente bloqueada. La investigación en comunicación en salud es clara: si la emoción no se reconoce antes de entrar en el contenido clínico, el tutor no está en condiciones de procesar la información con plena atención. Reconocer la emoción no significa hacer terapia. Significa nombrarla brevemente: “Imagino que esta noticia ha sido difícil de procesar”. Eso abre la puerta a la conversación real.
2) La exploración de la agenda del tutor
La tutora llegó con preguntas preparadas. Si esas preguntas no se recogen al principio —¿“Además del seguimiento, ¿hay algo concreto que le preocupe o que quiera que hablemos hoy?”—, la consulta se construye sobre la agenda del veterinario, no sobre la del tutor. Y el tutor sale con sus preguntas sin responder, aunque haya recibido mucha información. Y, además, ya sabemos que abre la puerta a la famosa “puñalada por la espalda” (creo que ya hemos hablado de ella, pero si te gustaría dedicarle un tiempo específico escríbeme y vemos como hacerlo).
3) La jerarquización del mensaje
En patologías crónicas, la cantidad de información que hay que transmitir es alta. Si no se jerarquiza —si no se dice explícitamente “lo más importante que me gustaría que recordara hoy es esto”— el tutor se va con fragmentos. Recuerda partes, no decisiones. Y esa sensación de no saber qué es lo esencial genera desconfianza, aunque el contenido sea correcto.
4) El cierre emocional
Un cierre puramente técnico —“Si tiene alguna duda nos llama, hasta el próximo control”— deja fuera la experiencia emocional de la consulta. En patologías crónicas, donde el tutor va a convivir con la incertidumbre durante meses o años, ese cierre es especialmente insuficiente. Una pregunta sencilla al final cambia completamente la experiencia: “¿He sabido dar respuestas a sus preocupaciones?”
Vuelve al caso
Con estas cuatro áreas en mente, te pregunto:
¿Dónde crees que se produjo la principal brecha comunicacional en este caso?
a) En el inicio: no se reconoció la carga emocional de la tutora
b) En la exploración: no se recogieron las preguntas que la tutora traía
c) En la explicación: demasiada información sin jerarquizar lo esencial
d) En el cierre: técnicamente correcto, emocionalmente incompleto
El mes que viene te cuento la respuesta. Y el porqué 😉.
Una última reflexión: más allá del caso
Cuando comparto estos casos en talleres presenciales, ocurre algo que no pasa en ningún formato online.
La gente discute. No con agresividad —con curiosidad. Alguien defiende que la brecha estuvo en el inicio. Otro dice que el cierre lo había visto fallar muchas veces en su clínica. Una tercera persona cuenta que ella resolvió algo parecido preguntando una sola cosa diferente al principio.
Y en ese intercambio pasa algo que ninguna newsletter puede replicar del todo: el conocimiento deja de ser individual y se vuelve colectivo.
Cada uno llega con su experiencia. Y se va con la de todos.
Eso es lo que hace valioso compartir un espacio con otros veterinarios que están en lo mismo. No la teoría. El contraste.
Lo cuento porque creo que la profesión veterinaria necesita más de esos espacios. Y estoy pensando en cómo crearlos.
Si quieres trabajar estas habilidades de forma estructurada
El coaching de habilidades de comunicación clínica es el espacio donde trabajamos casos como este: con herramientas concretas, basadas en evidencia y adaptadas a la realidad de la clínica veterinaria.
Un abrazo,
Pancho.